Aprovechando
el carnaval que se celebra en la ciudad, Oteaba regresó –a saber de dónde- para
acercarse al edil y presentar todo tipo de quejas de los ciudadanos,
especialmente los que atañen a quien la creó. El Sr. Juán José Cardona,
sucumbió ante sus encantos. Los ojos le hacían chiribitas, la boca Pensi-Cola,,
las tripas encogidas, en fin….transfigurado. Ni en el más remoto sueño habría
imaginado que hablaba con un avatar, una
muñeca inventada en la mente de alguien y, no con esa chica disfrazada con un
delicado sombrero.
Se
enfrascaron en conversación cuando una señora se acercó para fotografiarse y
presumir ante sus nietos de la amistad con el alcalde. Fue entonces cuando, Oteaba,
sintió la suave y cálida mano de J.J.
Cardona tomándola por la cintura a la vez que le susurraba el deseo de que se pusiera junto a él.
La
Auer, se retiró a una distancia prudencial y desde su observatorio intuyó el efecto producido en el Alcalde,... Cardona insistía en mostrarle su lado más favorecedor. Esta
convencida de que, en un futuro más o menos cercano, se convertirá en la voz
del pueblo, la voz de los sin voz para llevar las verdaderas necesidades a la
cúpula del consistorio.
Oteaba Auer


