Da vértigo cuando alguien inesperado llega a nuestras vidas en el momento menos pensado. Las famosas mariposas revolotean en el estómago demostrándonos que seguimos vivos. No queremos pensar en el miedo al dolor, a pesar de saber que podemos volver a padecerlo. La vida, tiene a bien regalarnos esos momentos mágicos y hay que aprovecharlos
Y llega el momento en que caemos en ese estado de espléndida estupidez, es decir, la etapa “enamoramiento”. Lo reconocemos, lo sabemos y no queremos que se escape. Se añora cada instante de separación hasta volver a encontrarse nuevamente.
Y llega el momento en que caemos en ese estado de espléndida estupidez, es decir, la etapa “enamoramiento”. Lo reconocemos, lo sabemos y no queremos que se escape. Se añora cada instante de separación hasta volver a encontrarse nuevamente.Se tienen interminables charlas, reir o bailar al son de románticas canciones donde solo cabe la complicidad y bellísimas frases, (aparentemente sinceras). No dudan en decirse una y otra vez cuanto se aman. Una de las partes cree, a tenor de lo que ocurre en ese mágico tiempo, que ambos sienten la misma felicidad. Da igual el lugar donde se encuentran porque todo se desvanece, todo se vuelve invisible, sólo están los dos. El mundo se derrumba, no se escucha nada, absolutamente nada…
El sonido del teléfono, los devuelve a la realidad y mietras uno charla sin parar, el otro espera interminables minutos para seguir en aquel maravilloso estado. La conversación se alarga y acaba por despedirse, sin que la otra parte haya colgado el móvil…
Nunca llega una disculpa, una razón; pero se pasa por alto porque el sueño bien lo vale…y cuando vuelven a encontrase, el momento mágico, por una de las partes parece no haber existido nunca, sin importarle lo más mínimo las cosas bellas que dijo, prometió y vivió durante un tiempo….pero ¡Amigo! Ya decía al principio que, a veces, vale la pena arriesgarse aún a sabiendas de las dosis de dolor que puede acarrear….y…¡¡A llorar al parque!!...esperar a tocar fondo para resurgir de nuevo…
Oteaba Auer