Finalizada la última guerra entre el Blanco, como la suma de todos los colores, y el Negro en el bando de la ausencia de color, los supervivientes quedaron inmersos en la melancolía del gris. Cuando Oteaba llegó al campo de batalla reinaba la desolación. Encontró una paloma encadenada; el dueño había fallecido frente al monitor antes de liberarla.
A sus pies, conejos despavoridos corrían a la búsqueda de algún campo o, una triste zanahoria que echarse a la boca, Horrorizada y con los pixeles de punta continuó oteando…De alguna zona del Blanco apareció una pareja de humanos que vagaban sin rumbo fijo. Debían estar casados. Cada uno en su burbuja. El miraba al frente y ella, con voz estertórea, no paraba de preguntar: “¿Dónde estará el Verde?, ¡muévete, hombre!”
Por suerte, en su faceta pacifista, la vieja tórtola encadenada había guardado bajo el ala un azul cielo-mar que había conseguido cuando “The President”, primero en darse cuenta de la catástrofe que se avecinaba, puso pies en polvorosa. En la huida olvidó llevarse el único color superviviente de la gama cromática, que ahora le obsequiaba a Oteaba para contribuir al renacimiento pigmentario.
© Oteaba Auer


