Sirena
salió del mar para saber por qué los humanos se ponían taciturnos cuando pronunciaban
la frase “vivir con el agua al cuello.” Estaban poseídos por el temor de
ahogarse. Habló con con unos y con otros. Contaban historias de políticos,
banca, corrupción, crisis, hambre, desahucios, fuga de capitales y una
inacabable lista de desatinos. Al comprender el problema, les aconsejó que
aprendieran a nadar y escogiesen bien a quien llevaría el timón.
Tras
unas horas de estar predicando en el desierto, decidió regresar a su entorno
habitual pero, la piel había mutado hasta convertirse en una sirena de hojalata.
No desesperó; todavía existía la posibilidad de recuperar la textura si lograba
alcanzar la orilla…tan cerca, tan lejos. Sin piernas para correr, el óxido,
-cual trepa que se precie- no perdió ocasión de machacarla. Sirena se encontró
sin una mano amiga que la ayudara en un acto de empatía. Cada cuál buscaba su
propia tabla de salvación con la que mantenerse a flote. A pesar de haber
tenido noticias de que en otros lugares existía la solidaridad con quienes
estaban a punto de perecer bajo las aguas, ella sucumbiría en un lugar llamado
Tierra.
Oteaba
Auer © Foto: Pilar Cárdenes

