En mi niñez, los mayores que me rodeaban disfrazaban todo y no llamaban a las cosas por su nombre. En le nacimiento, a los niños los traía la cigüeña y a la muerte le llamaban “el viejo de las patas de lana” porque nunca se se le oía llegar…mejor era no nombrarla por si acaso…obviamente, ambas cosas son inciertas.
Si bien es verdad que la muerte está presente desde el momento en que nacemos y nos ronda agazapada, en la cultura occidental, desechamos que nuestra hora esté marcada ¿lo está?...Tal vez nuestro comportamiento lo acerca o la aleja de su contrario “la vida”, a nuestra conveniencia.
Cuando se está durante meses con un enfermo terminal, empieza la verdadera partida y no me refiero a la del moribundo, sino a la de sus seres queridos. La retan día a día como sucediera en la película “El séptimo sello”, en que el ajedrez se convierte en juez del tiempo,,,,mientras dure la partida hay esperanzas de encontrar soluciones. En aquel caso, muchas existenciales…al final “el viejo de las patas de lana”, siempre lleva las de ganar…En este caso ese tipo de dudas vienen después…
Y sucede…lléga el día y, por más preparados que se supone que estamos, nos lastima, nos sorprende, nos rompe el alma y hace llorar tanto que, cada día al despertar, el único deseo es que cesen las lágrimas por lo doloridos que están los ojos… Vacío, dolor, crisis de preguntas desesperadas que no tienen respuestas…Al cabo de mucho tiempo, (tres años en estos días) la aceptación de que su voz, su risa, sus caricias, sus consejos, confidencias, etc. no volverán...La muerte ganó la partida, ¡la perra gorda para ella!; pero los pianos han vuelto a sonar…
Oteaba Auer
Si bien es verdad que la muerte está presente desde el momento en que nacemos y nos ronda agazapada, en la cultura occidental, desechamos que nuestra hora esté marcada ¿lo está?...Tal vez nuestro comportamiento lo acerca o la aleja de su contrario “la vida”, a nuestra conveniencia.Cuando se está durante meses con un enfermo terminal, empieza la verdadera partida y no me refiero a la del moribundo, sino a la de sus seres queridos. La retan día a día como sucediera en la película “El séptimo sello”, en que el ajedrez se convierte en juez del tiempo,,,,mientras dure la partida hay esperanzas de encontrar soluciones. En aquel caso, muchas existenciales…al final “el viejo de las patas de lana”, siempre lleva las de ganar…En este caso ese tipo de dudas vienen después…
Y sucede…lléga el día y, por más preparados que se supone que estamos, nos lastima, nos sorprende, nos rompe el alma y hace llorar tanto que, cada día al despertar, el único deseo es que cesen las lágrimas por lo doloridos que están los ojos… Vacío, dolor, crisis de preguntas desesperadas que no tienen respuestas…Al cabo de mucho tiempo, (tres años en estos días) la aceptación de que su voz, su risa, sus caricias, sus consejos, confidencias, etc. no volverán...La muerte ganó la partida, ¡la perra gorda para ella!; pero los pianos han vuelto a sonar…
Oteaba Auer




